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Seis lecciones sobre comunicación responsable que he aprendido en el confinamiento

¿Has aprendido algo de este confinamiento? Mira que no soy de apostar pero me jugaría algo importante (yo que sé: un avión privado, un chalet en la montaña, una thermomix) a que sí.

 

Yo, desde luego, me llevo un buen puñado de lecciones sobre comunicación responsable (y sobre la vida) de estos últimos dos meses.

 

De hecho, algunas han sido tan importantes para mí que las he escrito y pegado delante de mi escritorio, para que no se me olviden.

 

Ahí estaba yo, cortando el último cachito de cinta de carrocero para pegarlas en la pared, cuando lo pensé: todas estas lecciones podrían ser útiles también para ti que, como yo, te ganas la vida con una marca responsable.

 

Así que el post de hoy va de esto.

 

Espero que estas seis lecciones te inspiren tanto como a mí:

Las seis lecciones sobre comunicación responsable que he aprendido en el confinamiento:

1. El propósito es la herramienta más práctica que tienes como marca responsable

Antes de conocer el significado de «coronavirus» ya sabía lo importante que era el propósito para guiar las decisiones de una marca pero nunca lo había experimentado de manera tan potente como en este confinamiento.

En los días en los que tenía un horario súper-reducido, varias fechas de entrega acercándose, sesiones con clientes y creación de contenidos propios, ha sido mi propósito el que me ha ayudado a priorizar y decidir en qué invertir mi tiempo.

Fue mi propósito el que me hizo escribir posts acerca de cómo comunicar durante esta crisis o impartir webinars y talleres gratuitos para marcas responsables que trabajan para conseguir un mundo más respetuoso con la tierra y sus habitantes.

Y es que cuando tienes tu propósito claro, tu comunicación y acciones de marca se reducen al sencillo gesto de seguir su estela, como si de una estrella de oriente se tratara.

¿Necesitas más razones para ejercitarlo?

2. Menos es más, también en tu comunicación de marca

Seguro que en estos meses te has dado cuenta cuenta de que podemos vivir de manera más sencilla.

Entonces, ¿por qué no simplificar también la manera de trabajar con tu marca responsable?

Esta semana he lanzado un cuestionario para saber más acerca de cómo puedo ayudarte a mejorar tu comunicación (si te apetece, puedes rellenarlo aquí y entrar en el sorteo de una consultoría gratuita), ¿y sabes con qué me estoy encontrando?

Con personas emprendedoras como tú que me cuentan que, al seguir a especialistas en comunicación, marketing y ventas online, se sienten agobiadas, abrumadas, culpables por sentir que no son capaces o que no llegan a todo…

Es una perspectiva bastante horrible, ¿no crees?

Sacar adelante la comunicación de tu marca ética no debería ser un martirio o una larga lista de tareas (la mayoría accesorias) por hacer. Debería ser algo sencillo y entretenido, incluso divertido.

Porque más no siempre es mejor.

Y porque en realidad la comunicación es lo más sencillo del mundo: un emisor emite un mensaje a través de un canal para llegar a un receptor.

Así que déjame decirte algo: no necesitas tanta presión por hacer más.

No necesitas seguidores en todas las redes sociales o un feed de Instagram perfecto para generar un cambio en el mundo con tu trabajo. No necesitas implementar 10 métodos diferentes para que haya personas que decidan comprarte. Y no necesitas ser un o una súper-mega-crack de la comunicación para conectar y vender.

Solo necesitas emitir el mensaje adecuado en el canal adecuado para llegar a la persona adecuada.

No necesitas seguidores en todas las redes sociales o un feed de Instagram perfecto para generar un cambio en el mundo con tu trabajo.

Te lo digo yo. Que vivo de mi trabajo desde los primeros meses de negocio y no tengo decenas de miles de seguidores ni suscriptores.

Porque a veces lo más eficaz es pararte para simplificar y entender qué es lo que funciona para ti, que es lo que funciona para tu marca y, sobre todo, qué es lo que funciona para tu cliente.

Y eso también implica tu tiempo de trabajo…

3. Tu marca no es tu vida, así que piensa bien dónde inviertes tu tiempo

En marzo mi hijo no formulaba frases enteras, ahora conversa como un académico de la RAE.

Cuando todo esto empezó, mi huerta era un montón de tierra y unos cuantos semilleros. Ahora comemos lechuga fresca todos los días.

Hace dos meses, nuestro balcón se llenó de granizo. Hoy, con un sol radiante, nos bañaremos en la mar por primera vez.

El tiempo vuela. Y es lo más precioso que tenemos.

Como decía Mujica: “la única cosa que no se puede comprar es la vida. La vida se gasta”.

«La única cosa que no se puede comprar es la vida. La vida se gasta».

¿Y cómo se traduce esto en tu marca responsable?

Pues no sé cómo lo has llevado tú pero, en mi caso, este confinamiento ha significado reducir mi jornada a cinco horas al día.

Y, aunque he tenido mis momentos (¡hola, conciliación!), en general esta reducción de jornada ha significado que mi productividad se ha disparado y he hecho lo mismo en menos tiempo.

El mismo trabajo para clientes, número de artículos, cantidad de vídeos, newsletters enviadas, publicaciones en redes sociales, diapositivas para webinars y talleres online…

Así que puede que Jacinda tenga razón y que no haya que trabajar cinco días a la semana, sino cuatro. Puede incluso que la jornada laboral de seis horas sea más productiva que la de ocho.

Puede que, si queremos disfrutar del tiempo con nuestros hijos e hijas, con nuestra pareja, con nuestros mayores, con nuestras amistades, con los animales con los que compartimos nuestra vida, con la naturaleza que nos rodea… tengamos que marcarnos un nuevo objetivo anual, tan importante como el de facturación: «¿cuántas horas quiero ganar este año?».

Puede que tengamos que marcarnos un nuevo objetivo anual, tan importante como el de facturación: «¿cuántas horas quiero ganar este año?».

4. Ser buena gente no necesariamente te da ventas pero te hace dormir bien por las noches

En este confinamiento he estado muy atenta a la comunicación de las marcas y, te lo aseguro, he visto de todo.

Como le comentaba a Maïder Tomasena en esta entrevista, incluso he recibido correos de clientes con los que tengo confianza que, indignados, me reenviaban los mensajes que recibían de marcas en las que antes confiaban.

Mensajes basados en la culpabilidad, el miedo o la urgencia, que explotaban la situación a toda costa para vender.

Yo soy la primera que he animado a mis clientes a seguir comunicando y a seguir vendiendo siempre que respetaran las normas y no pusieran en riesgo a sus trabajadores (asunto que absolutamente todos y todas ya tenían en cuenta). Pero hay un límite que no se puede sobrepasar:  el respeto a quien te lee y te compra.

No dudo de que utilizar la estrategia de la presión y el hacer sentir mal al cliente llegue a funcionar pero si tienes una empresa responsable no creo que quieras ser esa marca.

Como tampoco creo que en la vida real quieras ser la persona que no da los buenos días, la que tira una lata de refresco en una playa inmaculada o la que critica a los demás en vez de aportar.

Y es que parece que las pantallas nos cambian, pero no.

Seguimos siendo personas. Yo, que escribo este blog, soy una persona. Tú, que lo lees, eres otra. Todos tus seguidores en redes sociales, los contactos de tu newsletter o la audiencia de tus webinar son personas que quizá han tenido un mal día, han perdido a alguien o tienen miedo.

Ejercitar la empatía y ser buena gente no cuesta nada. Y además, es el mejor somnífero que puedes tomar.

Palabrita.

5. La estrategia es clave, incluso cuando tu mundo cambia de la noche a la mañana

Hacer mi estrategia de comunicación en enero me permitió establecer objetivos realistas, entender qué estaba funcionando y qué no en mi marca, conocer aún más las necesidades de mi cliente, comprender qué mensajes y canales debía potenciar y crear una planificación anual con mis acciones de venta y contenidos calendarizados.

Lo tenía todo listo, reluciente.

Entonces llegó marzo… y tuve que cambiar mi planificación de arriba a abajo. 

¿Pero mi estrategia? Siguió en pie.

Me explico. 

La planificación solo es una parte de tu estrategia. Una parte que debe ser flexible y adaptarse al contexto.

Por ejemplo, uno de los objetivos de mi estrategia a principios de año tenía que ver con conseguir una mayor visibilidad. Por eso en abril tenía planificadas acciones para conseguir ese objetivo como entrevistas, webinars o talleres relacionados con el storytelling.

Si hubiera seguido mi planificación como un burro con orejeras, si hubiera tratado mi calendario de acciones de comunicación y contenidos como la sagrada biblia y hubiera realizado acciones de visibilidad sobre storytelling en el pico de la pandemia, mi marca habría estado totalmente desconectada de la realidad.

Mi estrategia no habría funcionado porque no habría conseguido mi objetivo.

Pero, aunque mi planificación tenía que cambiar, mi objetivo estratégico de visiblidad seguía siendo el mismo.

Así que cambié mi planificación para reenfocarlo ayudándome de mi propósito: creé guías para comunicar mejor en este tiempo, colaboré con entidades como ImpactHub o escuelas de comercio impartiendo webinars gratuitos, hice entrevistas a referentes y cancelé mi taller de storytelling para hacer uno sobre estrategia de comunicación.

Y funcionó. Incluso superé mis objetivos de visibilidad para esos meses.

Todo gracias a una estrategia con una planificación flexible.

6. Tengo (tenemos) toneladas de suerte

Por todas estas razones:

  • Porque mis padres y abuelos están sanos y cerca. Y puedo verles todos los días, aunque sea en la distancia.
  • Porque vivo en un pueblo rodeado de naturaleza y aire limpio.
  • Porque me gano la vida desde la comodidad de mi casa, sin pasar frío, tener miedo o sufrir el cansancio de los que han seguido trabajando fuera para que el país no se parara.
  • Porque duermo bajo un techo seguro con personas que me quieren.
  • Porque cuento con un sistema sanitario gratuito que va a cuidar de mí tenga o no tenga dinero en el banco.
  • Porque vivo en un país en paz.
  • Porque esta pandemia no me ha pillado, como a tantos, huyendo de la violencia con mi familia: durmiendo en un campamento, pasando hambre, cruzando desiertos, atravesando mares y pensando en si sobreviviremos mañana. (Por cierto, si quieres ayudar a personas que sí están viviendo este infierno, puedes hacerlo aquí).

En definitiva, este confinamiento me sigue recordando el enorme privilegio del que disfruto.

Estas son las seis lecciones sobre comunicación responsable que he aprendido en el confinamiento

Ojalá me acompañen siempre.

¿Compartes cuáles has aprendido tú en comentarios?

Seis lecciones sobre comunicación responsable que he aprendido en el confinamiento

2 pensamientos en “Seis lecciones sobre comunicación responsable que he aprendido en el confinamiento

  1. Muy buen artículo, Alba. He venido corriendo a leerlo cuando Igone me ha mandado copy paste de una de tus frases estrella:»Sacar adelante la comunicación de tu marca ética no debería ser un martirio o una larga lista de tareas (la mayoría accesorias) por hacer. Debería ser algo sencillo y entretenido, incluso divertido.

    Porque más no siempre es mejor.»

    1. Cada día estoy más convencida, Dawa. ¿Por qué complicarnos cuando podemos simplificar? Yo, desde luego, me comprometo a trabajar más en esa dirección con mis contenidos, explicando con sencillez y sin marear la perdiz ;). Gracias por pasarte y comentar.

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