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¿Es sostenible el crecimiento empresarial ilimitado?

El post de hoy es un poco especial porque no hay vídeo pero sí una reflexión que me gustaría que se convirtiera en debate en la sección de comentarios.

 

Esta semana ha empezado la Cumbre por el Clima en Madrid y multitud de empresas de nuestro país se han lanzado a mostrar sus avances en desarrollo sostenible.

 

Este contexto me parecía muy apropiado para conocer tu opinión sobre una pregunta que lleva en mi cabeza algunos meses: ¿es sostenible el crecimiento empresarial ilimitado o deberíamos fijar un límite de crecimiento, también desde los negocios responsables?

 

Así que, para empezar el debate, comparto este artículo que escribí para Eldiario.es en el que reflejaba mi opinión sobre este tema (si quieres leer el artículo original, puedes hacerlo aquí):

¿Deberían las empresas fijar un límite de crecimiento para frenar el cambio climático?

«Era una tarde templada de marzo en un pueblo de Cantabria. Fuera las flores llevaban días despuntando debido a un invierno extrañamente caluroso. En el interior, un curso de emprendimiento daba herramientas formativas a personas que estaban empezando su propio negocio.

Había de todo: el recolector de miel ecológica, la dueña de una casa rural, el inventor, el gerente de la empresa de deporte aventura… Y, frente a ellos, el experto en marketing cada vez más emocionado con su discurso: trabajad duro, sed originales, romped con los límites, creced, creced, creced…

De repente, una mano en el aire. El experto vuelve la cara:

¿Sí?

¿Y qué pasa si no queremos crecer? Silencio. 

¿Cómo que si no queréis crecer? El entrecejo fruncido, las neuronas neurocortocircuitando.

Pues eso, prosigue el alumno, propietario de varias hectáreas de huerta ecológica, con voz tranquila que qué pasa si no queremos crecer.

Pero ¿cómo no vais a querer crecer? Todos los emprendedores quieren crecer, todos quieren progresar. Si no, ¿para qué montáis una empresa? El alumno le miró sonriendo y respondió en dos palabras:

Para vivir.

Para vivir. La contundencia de la respuesta del que era entonces mi compañero de clase, dejó al experto con cara de preocupación.

¿Qué sentido tenía meterse en el fango hasta la cintura, pagar impuestos, gestionar contratos, encontrar proveedores, si no era para crecer, para progresar, para ser más grande, para llegar a donde nadie ha llegado antes, para comerse a la competencia? Como Coca-Cola, como Apple, como Starbucks.

Vivimos en un mundo finito, un planeta con recursos limitados que se enfrenta a una emergencia climática sin precedentes, a la sexta extinción masiva de la historia, a una explosión demográfica imparable, a un nivel de consumo que alcanza niveles de religiosidad, a migraciones y hambrunas, a subidas del nivel del mar que amenazan a gran parte de la población mundial.

Y sin embargo, frente a todo esto, el desarrollo económico y el crecimiento empresarial siguen acomodados en el centro de nuestro Olimpo, como si la fiesta no fuera con ellos, amparándose en el concepto, tan bienintencionado como erróneo, del desarrollo sostenible.

Y es que el desarrollo sostenible es una idea cómoda de asumir porque nos permite creer que podemos crecer sin límite y con impacto cero en el planeta.

Una creencia que, de reconfortante, ha sido abrazada mayoritariamente por empresas y gobiernos que defienden que podemos seguir haciendo crecer nuestros negocios y vidas mientras mantenemos el calentamiento de la tierra a raya. Organizaciones que envían el mensaje de que es posible mantenernos por debajo de los 2º cambiando nuestras bombillas viejas por unas LED o contratando energías limpias.

Y no es que estas medidas no sirvan para nada. Pero simplemente no son suficientes.

Kevin Anderson, del Centro Tyndall para la Investigación del Cambio Climático, es tajante rechazando esta visión ortodoxa que afirma que se puede crecer de manera sostenible sin comprometer las compromisos aceptados en 2009 durante la Cumbre del Clima de Copenhage: “Para conseguir una probabilidad razonable de evitar la los 2ºC de cambio climático peligroso, las naciones más ricas necesitan, temporalmente, adaptar una estrategia de decrecimiento”. Y asegura que, de no hacerlo, las temperaturas podrían subir hasta 4º entre 2050 y 2070.

Como él, cada vez son más las voces de científicos, activistas, economistas e incluso expertos en marketing que se alzan para llegar a una misma conclusión: si queremos evitar las consecuencias más graves de esta emergencia, debemos reducir nuestra insostenible manera de vender y consumir.

En definitiva, debemos ponerle freno al tan alabado crecimiento económico.

Philip Kotler, profesor de la Universidad Northwestern y considerado el padre del marketing moderno, lo expresa bien claro en su libro “Confronting Capitalism: Real Solutions for a Troubled Economic System”: “Si todas las compañías del mundo tienen como objetivo doblar sus negocios y tienen éxito, la sostenibilidad será imposible de conseguir”.

Quizá el crecimiento sin límites de nuestras empresas no puede ir de la mano del cuidado de la tierra, al fin y al cabo.

No estamos ante nada nuevo. Ya lo decían en 1972 los autores del Informe del Club de Roma Los límites del crecimiento: lo que el planeta necesita para hacer frente a sus problemas es un “estado estable de equilibrio económico y ecológico”.

O lo que mi compañero defendía frente al experto en marketing: una empresa que funcionara, que tuviera beneficios, que incluso los aumentara, pero que se comprometiera a no crecer más de los límites necesarios para su supervivencia ni la del mundo.

Pero este estado estable, esa manera de hacer negocios y de vivir, no se conseguirá sin una “revolución Copernicana de las mentes”, como explicaba el informe del 72, que haga que la opinión popular, científica, política y, añado, empresarial de la mayoría de los países acepte la urgencia de poner límites al crecimiento.

¿Estamos las empresas responsables preparadas para esta revolución?

El debate está abierto.»

Cuéntame tu opinión

Me interesa saber qué opinas al respecto: ¿crees que se puede crecer de forma sostenible sin alcanzar un límite?, ¿o, por el contrario, opinas que toda empresa responsable debería fijarse un techo para conseguir ese equilibrio ecológico del que hablaba el informe del Club de Roma?

Te leo en comentarios.

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¿Es sostenible el crecimiento empresarial ilimitado?

8 comentarios en «¿Es sostenible el crecimiento empresarial ilimitado?»

  1. Según mi opinión, la capacidad que tiene el planeta es limitado e imposible de mantener en el tiempo la situación actual . La sobreexplotación a la que le estamos sometiendo es inaudito. Nunca en la historia se hubiera pensado que el ser humano hubiera podido llegar a expandirse tanto y ser tan invasivo. Si bien es cierto que el planeta siempre ha tenido capacidad de reajustarse para generar su propia supervivencia, que no la del ser humano. Siempre ha habido, hubo, y habrá epidemias, sequías, cambios climáticos, guerras… El problema que yo perfilo ahora es, que va todo tan deprisa que , a veces, es imposible seguir el ritmo, ni siquiera el propio ecosistema. Pero, y aquí sí que huyo de la teoría del caos, creo sinceramente que el ser humano tiene la misma capacidad de reinventarse y hacer cosas extraordinarias. Debemos volver a la época en la que no nos sentíamos semidioses y temíamos el vacío que quedaba entre los brazos tiernos de acogida de la madre tierra y el enfado cruel de la misma. Hay que mimar a la madre tierra y darla sus tiempos de calma . Para ello, creo con sinceridad, debemos volver a lo que ya funcionó correctamente. Quizá a consumir más vegetales, y menos proteína. A intentar no ser tan consumistas en un trabajo interno de cada un@. A asumir nuestra propia responsabilidad con el planeta en modo de, reducir el número de plásticos en nuestro ‘ day to day ‘… Exigir a los productores de la cadena de producción que así sea. Seguir investigando para hacer que la sostenibilidad sea posible de verdad. Ahorrar en nuestro consumo de luz, apostar por energías renovables y darnos cuenta que, con menos también se vive. Me temo que ya no nos queda otro remedio. Cambiar la mentalidad de consumo y ser responsables de nuestra propia supervivencia. Espero que lo consigamos.

    1. Qué buena reflexión, Bárbara. Me quedo con la frase «cambiar la mentalidad de consumo y ser responsables de nuestra propia supervivencia». Yo también lo espero. Un abrazo y gracias por comentar.

  2. Hola Alba. Gracias por abrir este hilo tan interesante como necesario. Yo vivo en la línea de “menos es mejor”. Y digo vivo, porque no solo es que compre menos cosas y de mejor calidad. Sino que procuro aplicar esta forma, a todo lo que hago. Si nos fijamos en la naturaleza, que es perfecta, tenemos la respuesta a todo. Producir lo justo, aprovechar los recursos al máximo, evolucionar para obtener la solución más eficiente, y reintegrarlo todo de nuevo. Creo que ahí está la solución, en imitar a la naturaleza. El crecimiento tiene su momento, pero ha llegado la época de maduración y de decrecimiento. La cuestión es si el ser humano es lo bastante maduro como para afrontar la vejez. Un abrazo.

    1. Hola, Lorena. Qué importante me parece la idea de que el ser humano debe madurar y aprender a decrecer. Lo que me preocupa es que la «revolución Copernicana de las mentes» como decían los investigadores del informe de Club de Roma esté demasiado lejos. Un abrazo y gracias por comentar.

      1. Esté o no demasiado lejos esa transformación de la mente del
        hombre, las mentes maduras y conscientes tienen el deber de comunicar de la mejor manera posible esta realidad. Por eso te sigo Alba, para comunicar mejor este mensaje. Porque para mi (y entiendo que para todos)es vital que este mensaje cale bien profundo en las personas. Un abrazo.

  3. Creo que este tema es uno de los quid de la cuestión cuando hablamos de sostenibilidad. Pero es uno de los melones que no queremos abrir porque implica cambiar totalmente nuestro modelo económico y da miedo. ¿Qué pasa si se reduce el consumo? ¿Colapsará la economía? ¿Habrá guerras? Aunque tengamos claro que la economía tendría que estar al servicio de las personas y que medidas como el PIB no dicen nada sobre el bienestar personal, el cambio implica muchos desajustes que hacen que haya gente que sufra. ¡Y nos da miedo que nos toque a nosotros!! Creo que por eso modelos como la green economy o la economía circular son las que más éxito tienen entre las grandes empresas y las instituciones, frente a otras más revolucionarias como el decrecimiento, la economía a escala humana o la Economía del bien Común. Las primeras nos permiten cambiar para que todo siga igual. Aunque como Bárbara creo que el ser humano es capaz de reinventarse y además soy bastante tecnoutópica, confío en que la ciencia avance y nos ayude a salvar nuestras condiciones de vida, creo que en el momento actual ante la duda tenemos que tomar decisiones más radicales. Yo no me creo las empresas que se dicen sostenibles pero no tienen métricas de sostenibilidad (o tienen algunas tan circunstanciales como aumentar el reciclaje o comprar verde) mientras siguen buscando crecimientos a doble dígito… ¡Muchas gracias por hacernos pensar!!

    1. Me ha encantado tu comentario, Malena. Suscribo cada palabra. También creo que ese miedo a decrecer existe y por una parte me parece lógico, pero claro, nunca nos hemos enfrentado a un reto ecológico tan urgente como el que tenemos en la próxima década (bueno, en realidad era urgente desde que se dieron las primeras señales de alarma en los 60-70 del siglo pasado, pero ahora lo tenemos encima). Así que espero que entre todos hagamos estos debates cada vez más frecuentes. Gracias por participar, un abrazo.

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